Cercanas las 00 horas de anoche, la nave del Evangelio de la Parroquial de los Mártires iba acogiendo a los hermanos. Ante ellos, María Santísima del Amor Doloroso. La Virgen había sido bajada de su altar al mediodía y recibía a los cofrades que iban a participar en la Vigilia de salutación a ras de suelo, en la penumbra del templo, iluminada por luces de cera.
Las notas del "Stabat Mater" de Pergolesi contextualizaban, junto con la monición de entrada, el momento que se vivía. La festividad de los Dolores Gloriosos de María supone, del mismo modo, la oportunidad de celebrar el Amor Doloroso de la Virgen al pie de la cruz de Jesús. Al igual que en ocasiones precedentes, el rezo de la Corona franciscana de los Siete Gozos conformaba la secuencia de episodios trascendentales de la vida de María, jalonados por la armonía de voces de la coral que interpretaba "Kirie", "Oh sacrum convivium" y "Señor, me cansa la vida".
Tras acabar las oraciones seráficas, el predicador del Triduo, fray Jesús Miguel Benítez, recordaba a los presentes la importancia de orar todos juntos al lado de la Madre y, además, de hacerlo de noche, por cuanto de simbólicas tienen las horas que anteceden la llegada y el triunfo del día, del propio Cristo. El agustino quiso poner especial énfasis en el gozo de acompañar siempre a la Madre del Amor Doloroso, la única que nunca le falló a Dios, y de aferrarnos a su entereza para superar las debilidades del día a día. Así imploraba que "en medio de este mundo en guerra, la presencia de María hace inundar el corazón de paz" por lo animaba a no tener "miedo al poder de los fuertes, porque vencerán los débiles", de igual manera que la luz del alba supera las tinieblas de la noche.
A los sones del "Ave María" de Julio Domínguez, se procedía a besar las manos unidas de la Madre del Amor Doloroso, acabando el sencillo y breve culto mariano con el rezo comunitario de la "Salve Regina" y las jaculatorias de rigor.
Festividad de María Santísima del Amor Doloroso
Hoy lunes, nuestra Bendita Madre estará expuesta a la pública veneración de los fieles en devoto besamanos durante toda la jornada, en el horario de apertura de Los Mártires. A las 12 horas se rezará el Ángelus y a las 20 horas, en cumplimiento de lo dispuesto en las Reglas, se verificará Solemne Función Religiosa presidida por el mismo predicador y acompañada musicalmente por la Coral de Santa María de la Victoria.
lunes, 15 de septiembre de 2014
domingo, 14 de septiembre de 2014
CRÓNICA - MARÍA, "DIGNIDAD DE MUJER Y MADRE"
En el mediodía de hoy domingo, hemos celebrado el 3º día del Triduo a María Santísima del Amor Doloroso. El calendario litúrgico nos marcaba vivir la festividad de la Exaltación de la cruz y, con dicho motivo, el predicador nos instaba a recrear el momento en el que la estaba la Virgen en el Gólgota en el terrible momento de la muerte de su hijo. Ella, "de pie ante la cruz, no hundida pero sí doliente, presa de un dolor sobrehumano, supremo, se unía completamente unida al sacrificio redentor de Cristo". Esa escena marca "el nacimiento de la Iglesia", que surge de "la fe y el corazón de la Madre, desde su pecho traspasado, al compás de su Amor Doloroso".
Esa es la dignidad que celebra hoy la Iglesia, "aquella que encierra la razón de nuestro vivir y la redención del género humano asociado para siempre a la propia María". De hecho es la propia "cruz de Jesús la que viene a dar razón de tanto dolor, confusión y muerte", la misma a la que se refiere el papa Francisco cuando trata de explicar "la respuesta de Dios ante la adversidad, la soledad o la tragedia" que vive continuamente la humanidad. Ni siquiera "nosotros mismos somos capaces de aguantar la cruz, se nos vuelve insoportable" aunque sí parece "relativamente fácil llevarla colgada al cuello o en una medalla con la imagen de Cristo o de la Virgen". Sin embargo, "no hay vida sin cruz y exaltar la del Divino Redentor explica muchas nuestras lágrimas, debilidades, fragilidades, mentiras, máscaras...". De ahí que pueda afirmarse que "la sombra de la cruz no es siniestra, sino que cobija la misericordia de Dios, encaja en el engranaje de la insignificancia humana".
Con estos pensamientos y "ante el tiempo nuevo que nos toca vivir", recordaba fray Jesús Miguel, el cofrade de Pasión tiene ante sí "la misión de ser testigo vivo del Evangelio y ha de hacer presente su luz de manera transparente y creíble como reflejo de la energía de la caridad". Para ello "hacen falta hombres y mujeres que muestren su pasión por Jesús y por su Madre, por la Iglesia (con sus aciertos y errores), por extender el Reino". En definitiva, "cofrades que huelan a Evangelio y no a incienso, que sean capaces de transmitir el suave olor a Cristo, que no es otro que el de la caridad, la justicia y la verdad".
Esa es la dignidad que celebra hoy la Iglesia, "aquella que encierra la razón de nuestro vivir y la redención del género humano asociado para siempre a la propia María". De hecho es la propia "cruz de Jesús la que viene a dar razón de tanto dolor, confusión y muerte", la misma a la que se refiere el papa Francisco cuando trata de explicar "la respuesta de Dios ante la adversidad, la soledad o la tragedia" que vive continuamente la humanidad. Ni siquiera "nosotros mismos somos capaces de aguantar la cruz, se nos vuelve insoportable" aunque sí parece "relativamente fácil llevarla colgada al cuello o en una medalla con la imagen de Cristo o de la Virgen". Sin embargo, "no hay vida sin cruz y exaltar la del Divino Redentor explica muchas nuestras lágrimas, debilidades, fragilidades, mentiras, máscaras...". De ahí que pueda afirmarse que "la sombra de la cruz no es siniestra, sino que cobija la misericordia de Dios, encaja en el engranaje de la insignificancia humana".
Con estos pensamientos y "ante el tiempo nuevo que nos toca vivir", recordaba fray Jesús Miguel, el cofrade de Pasión tiene ante sí "la misión de ser testigo vivo del Evangelio y ha de hacer presente su luz de manera transparente y creíble como reflejo de la energía de la caridad". Para ello "hacen falta hombres y mujeres que muestren su pasión por Jesús y por su Madre, por la Iglesia (con sus aciertos y errores), por extender el Reino". En definitiva, "cofrades que huelan a Evangelio y no a incienso, que sean capaces de transmitir el suave olor a Cristo, que no es otro que el de la caridad, la justicia y la verdad".
CRÓNICA - MARÍA, "MUJER QUE ESCUCHA LA PALABRA"
En la plática de ayer sábado, segundo día del Triduo a nuestra Madre del Amor Doloroso, el predicador nos hablaba sobre la obligación de escuchar a Dios poniendo como ejemplo la actitud presta de María ante las decisiones del Padre. Y ello no es nuevo, pues "desde el inicio de los tiempos Dios nos está hablando". Al igual que dijo "hágase la vida", la Virgen le dice a Dios "hágase en mí según tu palabra". El "Fiat" de la Madre del Amor Doloroso "no es un momento, sino una vida entregada que escucha y obedece lo que dice el Padre". Nosotros, hoy, "no escuchamos la Palabra" y "hemos preferido quitar a Dios de nuestras vidas, de nuestras actividades cotidianas, de nuestros trabajos, de nuestras escuelas, de todo".
Por ello, quien no escucha "se transforma en un ser confundido sin saber lo que quiere Dios de nosotros". Si lo eliminamos a Él, "no hay persona", porque "para serlo tenemos que escucharlo y comprender qué quiere de nosotros aquí y ahora". Dios es un grito para la vida y "en María, mujer del sí a Dios, la voluntad del Padre se transforma de tal manera que ese amor de Dios le llegará a traspasar de Dolor, a su Amor Doloroso". De ahí que María "escuche y acepte la voluntad de Dios con humildad, sin hacer alarde de nada, al igual que hizo Jesús, como nos recuerda la carta de san Pablo a los Filipenses".
Partiendo de estas reflexiones y como punto final, fray Jesús Miguel nos invitaba a ser "como María y su hijo, para que sepamos escuchar a Dios y aceptemos su voluntad".
Por ello, quien no escucha "se transforma en un ser confundido sin saber lo que quiere Dios de nosotros". Si lo eliminamos a Él, "no hay persona", porque "para serlo tenemos que escucharlo y comprender qué quiere de nosotros aquí y ahora". Dios es un grito para la vida y "en María, mujer del sí a Dios, la voluntad del Padre se transforma de tal manera que ese amor de Dios le llegará a traspasar de Dolor, a su Amor Doloroso". De ahí que María "escuche y acepte la voluntad de Dios con humildad, sin hacer alarde de nada, al igual que hizo Jesús, como nos recuerda la carta de san Pablo a los Filipenses".
Partiendo de estas reflexiones y como punto final, fray Jesús Miguel nos invitaba a ser "como María y su hijo, para que sepamos escuchar a Dios y aceptemos su voluntad".
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